Habla cuando sientas que es correcto, en el momento justo que creas que hablar es bueno para ti.
Saca lo que traes, demuestra con palabras habladas lo que quieres hacer y a dónde quieres llegar.
No te quedes sin decir lo mucho que te importa alguien, lo azúl que se ve el cielo o lo poco que te agradan las envidias.
El mundo está lleno de personas que piensan y sienten diferente, sin embargo, tu opinión no le estorba a nadie.
Inicia conversaciones, vive aventuras con las palabras, juégatela y arriésgate. Decide lo que creas conveniente para ti y externa puntos de vista.
Cambia lo que tengas que cambiar y has uso de tu gran instrumento, el cual es la voz, para ir más allá y no sumergirte en el espiral del silencio.
Crea un balance. No uses tus palabras para destruir, sino para edificar lo más que sea posible. Habla mucho, poco o todo el tiempo, pero jamás calles.

